JULIO VERNE EL CASTILLO DE LOS CARPATOS PDF

De Krajowa. Krajowa es una de las principales villas del Estado de Rumania, que confina con Transilvania en el S. Llevaba el morral sujeto a sus hombros por unos tirantes, y una maleta muy ligera en la mano. El hidalgo se presentaba como un personaje distinguido, de esos que un posadero tiene siempre a gran honra recibir. En el pueblo de Werst hay costumbre de acostarse cuando las gallinas. Cenaron ambos con buen apetito, y acabada la cena, se retiraron a sus habitaciones.

Author:Vudomi Bralkis
Country:Uzbekistan
Language:English (Spanish)
Genre:Technology
Published (Last):15 August 2013
Pages:287
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ISBN:958-6-88390-791-2
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Casi tenemos el derecho de decir que todo acontece. Tal vez, pero acaso no han querido dar fe a la leyenda. Puesto que ni uno ni otro lo han hecho, voy yo a intentarlo. Las galernas que vienen del N. El Lignon no murmuraba a sus pies, encerrados en gruesos zuecos de madera.

El immanum pecus apacentado por dicho Frik, era immanior ipse. Eran las cuatro de la tarde. El sol declinaba en el horizonte. Es robusto, alto, seco y erguido bajo su capisayo amarillento, no tan peludo como el pecho que cubre. Un saludo con el sombrero puede ser el medio de librarse de malignas influencias, y en los caminos de Transilvania no es donde menos sucede esto.

Frik dejaba decir, y no le iba mal. Perros y carneros se detuvieron en la margen derecha y se pusieron a beber con avidez al ras de la ribera, removiendo la hojarasca de los matorrales.

Aquel hombre era uno de esos mercaderes que recorren el distrito. Nadie hubiera podido decirlo. Hermanstadt es una de las principales poblaciones de Transilvania. Pues yo no necesito de ella para saberlo cuando sudo bajo mi capisayo o cuando tirito bajo mi hopalanda. Tengo uno que anda solo. El sol. Mis carneros lo saben tan bien como yo, y mis perros como los carneros. Guardad, pues vuestros cachivaches. Era, en efecto, uno de esos anteojos comunes que agrandan cinco o seis veces los objetos, o que los aproximan otro tanto, lo que produce el mismo resultado.

Yo tengo muy buenos ojos, amigo. A los pastores no. Reconozco a las personas Veo a Nic Deck, el guarda que vuelve de su ronda, con la mochila a la espalda y la carabina al hombro. Que hace ver desde muy lejos. El asombro de Frik al coger por primera vez un anteojo para mirar la aldea Werst, indicaba lo atrasado que este pueblo se encontraba.

Si esto era o no verdad, bien pronto lo veremos. Le conozco por la cruz, a la que le falta un brazo. Debe de ser la torre de Petrilla. Ni yo No; parece humo Pero no es posible Desde hace siglos y siglos no echan humo las chimeneas del castillo Los dos florines que me cuesta. Buenas tardes, amigo. Poco nos importa. Reconocerle en su indecisa estructura en la meseta de Orgall, que corona a la izquierda la garganta de Vulcano, hubiera sido imposible.

Es un conjunto vago, flotante, incierto. Al fondo vense las ondulaciones de la elevada cordillera, que parece dibujada caprichosamente, formando la frontera de Valaquia. Los descendientes de los antiguos dacios fueron vencidos, y su territorio repartido entre los vencedores. Existen, pues, tantos monstruos feroces.

Esto era cosa corriente en la es-cuela del maestro Hermod. En efecto: la noticia era tremenda. El primero que lo supo fue el juez Koltz. Tal es la aldea de Werst, emplazada sobre ambos lados de la calle entre los, oblicuos taludes del desfiladero. En efecto: todas las transacciones, compras o ventas estaban gravadas con un impuesto a su favor, sin hablar del derecho de peaje que extranjeros, turistas o traficantes se apresuraban a entregarle.

Koitz cierta holgura. Dos grandes hayas de alta y florida copa. En el interior de la casa hay bonitas y limpias habitaciones, para comer y dormir, con sus muebles pintarrajeados, mesas, camas, bancos, escabeles y aparadores llenos de brillante vajilla.

Pero es que el amo Koltz no estaba solo. Sin duda dirige admirablemente la casa de su padre. Era guardabosque de un distrito; es decir, casi tan militar como civil. Esto era lo principal. Con su imperturbable aplomo y su facundia atronadora inspiraba no menos confianza que el pastor Frik, lo que no era poco. El Sr. Es necesario insistir sobre este punto. Era una casa vieja, mitad de madera, mitad de piedra, muy remendada por algunos sitios, pero muy adornada de verdura y de atractiva apariencia.

De las dos primeras, una estaba velada completammte por una espesa cortina de plantas trepadoras o colgantes: estaba condenada, y apenas dejaba pasar un poco de claridad. Entre otros estaban el Sr. Koltz, el maestro Hermod, el guardabosque Nir, Dock, una docena de los principales de la aldea, y el pastor Frik, que no era el meenos importante.

Lo que hay que saber es lo que esto significa. Acaso algunos de esos peligrosos monstruos que se presentan bajo la forma de hermesas mujeres Si el castillo quiere fumar, dejadle que fume. Todo eso significa que los panaderos del cielo han venido a hacer una hornada. Nada le contestaron. No es preciso desafiar a Patak. Alguna buena gente que se ha refugiado en el castillo, y que a nadie incomodo.

Fue a mirar a las habitaciones que daban a la sala. Algunos tsiganes hablaban ya de emigrar. Y, no obstante, el guardabosque se aprestaba a salir de Werst, y por su gusto, sin que nadie le obligase. Nic Deck y el doctor Flatak partieron. En aquel punto, el Sr. Cuando pasaron el recodo del camino, siguieron juntos a alguna distancia, remontando la orilla derecha del Nyad. De seguir el camino que rodea los barrancos de la vertiente, se hubieran separado mucho hacia el Oeste.

En verdad que el atravesar aquel bosque iba a ofrecer serias dificultades.

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