DEBER DESOBEDIENCIA CIVIL THOREAU PDF

John Hospers, El arte y la moral. Victoria Camps y Salvador Giner, Una vida de calidad. Giovanni Pico Della Mirandola, Discurso sobre la dignidad del hombre. Frankfurt Harry G. Printed in Colombia. Noviembre de

Author:Kazrajinn Goltibar
Country:Indonesia
Language:English (Spanish)
Genre:Politics
Published (Last):26 June 2019
Pages:248
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ISBN:241-8-90180-647-1
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John Hospers, El arte y la moral. Victoria Camps y Salvador Giner, Una vida de calidad. Giovanni Pico Della Mirandola, Discurso sobre la dignidad del hombre. Frankfurt Harry G. Printed in Colombia. Noviembre de Editorial p. Comentarios a: alvarolu editorialpi. Uno de ellos es Thoreau. Esta es, a mi parecer, la mejor clase de hombre que una comunidad puede producir.

El ensayo que recoge este volumen fue, en su ori- gen, discurso. En fin, se ha conservado la caricatu- ra, como acostumbra a pasar con nuestros hombres eminentes.

En la oscuridad de los hechos cotidianos, sus nombres se elevan al- tos como faros. Es demasiado tarde para cambiar, pensamos.

Pues no. Como individuos, como hombres, nunca es demasiado tarde para cambiar. Pensad en vuestros pensamientos durante un tiempo. Carece de la vitalidad y la fuerza de un solo hombre vivo, pues este puede doblegarlo a voluntad.

No puebla las regiones del Oeste. No educa. La falsa idea de que el estado existe para protegernos se ha desintegrado mil veces. Fue una vida profunda y rica, que le dio todas las satisfacciones.

Era feliz con el contacto de la na- turaleza a la cual pertenece el hombre. No era un ser asocial, todo lo contrario. No hay americano que haya escrito sobre la amistad con una elocuencia mayor a la suya. La palabra virtud recobra su significado cuando se liga a su nombre.

No es necesario pensar, no hace falta llevar una vida bondadosa, sino crearse una vida bondado- sa. Tenemos que abrir- nos camino con el hacha.

Tho- www. Los abolicionistas liberaron a los esclavos, no las armadas de Grant y Sherman, no Lincoln. Cada uno de nosotros debe lle- var una vida completamente diferente. No debemos intentar ser como Thoreau, ni como Jesucristo, sino lo que en verdad somos en nuestra sociedad.

Ser algo menos significa acercarse a nada. No puebla las re- giones del Oeste. No es deseable cultivar por la ley un respeto igual al que se acuerda a lo justo. Se dice con verdad que Editorial p Del deber de la desobediencia civil 17 una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad de hombres concienzudos es una sociedad con una conciencia.

Visitad un esta- blecimiento naval y contemplad al marino, es decir, a lo que puede hacer de un hombre el gobierno ameri- cano o alguien provisto de malas artes Su valor raya con el de los caballos y los perros.

Sin em- bargo, incluso se les reputa buenos ciudadanos. Dudan, vacilan, se la- mentan y, en ocasiones, piden; pero no hacen nada seriamente y de efecto. Incluso votar por lo justo es no hacer nada por ello. Poca es la virtud que encierra la masa. Hay leyes injustas. Pero es cul- pa del gobierno mismo que el remedio sea peor que la enfermedad.

Lo que hay que hacer, en todo caso, es no prestarse a servir al mismo mal que se condena. En cuanto a adoptar los modos aportados por el Estado para remedio del mal, no los reconozco como tales. Requieren demasiado tiempo y la vida del hom- bre es breve.

Tengo otros asuntos que atender. Al hombre no le cabe el hacerlo todo, sino algo; y porque no puede hacer todas las cosas, no es necesario que haga algo mal. Estimo que es su- ficiente si tienen a Dios de su parte, y que no hace falta aguardar a sumar ese uno adicional. Dad vuestro voto completo, no una simple tira de papel; comprometed toda vuestra influencia. Suponed, no obstante, que corra la sangre. El soporte moral desaparece debajo de sus pies. Lo mejor que un hombre puede hacer por su cultura cuando es rico consiste en tratar de desarrollar y sa- Editorial p Del deber de la desobediencia civil 31 car adelante los planes que abrigara de pobre.

Y eso es duro. Pero, lamentablemente, otros juzgaron oportuno el transigir. Pero yo no he nacido para ser violentado. Me obligan a ser como ellos. No vale la pena lloriquear por ello. Yo no soy responsa- Editorial p Del deber de la desobediencia civil 35 ble del buen funcionamiento de la sociedad. No soy el hijo del ingeniero. Si una planta no puede vivir de acuerdo con su naturaleza, muere; igual ocurre con el hombre.

A mi llegada, los presos, en mangas de camisa, estaban reunidos frente a la puerta charlando y disfru- tando de la brisa vespertina. No es por nada en particular que me niego a someterme a la ley fiscal. Que el individuo proceda solamente como corresponde a su personalidad y al momento. No son muchos los momentos de mi vida que vivo bajo una regla, ni siquiera en este mundo. Hablan de separarse de la sociedad, pero carecen de lugar de reposo fuera de ella.

No es conductor sino seguidor. Son raros en la historia del mundo. Concord, Massachusetts, Sus diarios y ensayos, de un gran valor literario, reflejan un talento especial a la hora de conseguir un estilo fresco y cuidado. Editorial p Related Papers.

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HENRY DAVID THOREAU – Del deber de la desobediencia civil – republicado

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HENRY DAVID THOREAU – Del deber de la desobediencia civil.

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